A 25 años de la Game Boy Advance: la consola que metió una Super Nintendo en nuestro bolsillo

Hoy, 21 de marzo, se cumple un cuarto de siglo desde que el mundo del gaming portátil dio uno de sus saltos más espectaculares. En 2001, Nintendo lanzaba al mercado japonés la mítica Game Boy Advance (GBA), una maquinita que rápidamente se convirtió en una obsesión y que nos permitió hacer algo que hasta entonces parecía magia: llevarnos la potencia y los gráficos de una consola de 16 bits a cualquier lado.
Para los que vivimos esa época, la GBA fue una verdadera revolución. Atrás quedaban los 8 bits de las portátiles anteriores; de repente teníamos en nuestras mochilas juegos como Super Mario World, Super Ghouls 'n Ghosts o Donkey Kong Country, listos para ser jugados en el recreo, en el colectivo o en la cama. Claro que la experiencia original venía con un pequeño gran desafío: la pantalla del primer modelo no tenía retroiluminación. Todos recordamos hacer malabares para jugar justo debajo de un velador, buscar el ángulo perfecto contra la ventana del auto, o comprar esos aparatosos accesorios de terceros que incluían linternas y lupas.
A pesar de esa pantalla oscura, la consola fue un éxito rotundo, vendió más de 81 millones de unidades y construyó un catálogo legendario que arrancó en su primer día con joyas como Castlevania: Circle of the Moon y F-Zero Maximum Velocity.
Pero, más allá de la nostalgia pura, la Game Boy Advance esconde datos fascinantes de su desarrollo que le suman aún más valor a su leyenda:
El "Proyecto Atlantis" perdido: La GBA iba a salir originalmente mucho antes, alrededor de 1996. Nintendo tenía un prototipo tan potente que podía manejar gráficos similares a los de la primera PlayStation, pero el diseño era demasiado voluminoso y devoraba las pilas tipo AA en un suspiro. Decidieron cancelar ese proyecto, lanzar la Game Boy Color como puente, y perfeccionar la tecnología hasta llegar a la GBA en 2001.
Inspirada en un panda: El encargado de darle esa icónica forma apaisada (abandonando el histórico formato vertical del ladrillo original) fue el diseñador francés Gwénaël Nicolas. Para lograr que la disposición de la pantalla y los botones fuera instintivamente amigable, confesó que se inspiró en las proporciones de la cara de un oso panda.
Dos consolas en una (literalmente): La retrocompatibilidad de la GBA era perfecta porque no "emulaba" los juegos viejos por software. En su interior, además de su procesador principal de 32 bits, Nintendo incluyó físicamente un coprocesador Z80 (el mismo cerebro que usaba la Game Boy original y la Color). Cuando ponías un cartucho viejo, un interruptor físico en la ranura activaba este chip antiguo, por lo que tenías el hardware original soldado en la placa madre.
El adiós a un nombre histórico: Con sus posteriores revisiones (la aclamada GBA SP con tapita y luz, y la diminuta Game Boy Micro), esta generación marcó el final de una era dorada. Fue la última familia de hardware de Nintendo en llevar la mítica marca "Game Boy", antes de cambiar el paradigma hacia la doble pantalla con la Nintendo DS.
Hoy celebramos las bodas de plata de una portátil que definió la forma de jugar a principios del nuevo milenio y que, para muchos, sigue siendo la plataforma con el mejor catálogo de pixel art de toda la historia.